¿Cómo las emociones y el esfuerzo cognitivo continuo juegan un papel relevante en la navegación oceánica en solitario?

“Se terminó. Se terminó. ESA ES LA MISERICORDIA.”

Estas fueron las últimas palabras escritas por Donald Crowhurst en su diario tras luchar contra la soledad y las largas batallas de su cabeza en su primera regata en solitario alrededor del mundo, la Golden Globe de 1969. Crowhurst fue acuciado por muchos tipos de problemas antes de su partida, problemas que le llevaron a dudar de la capacidad, tanto suya como de su barco, para completar el viaje. Durante el transcurso de la regata, no pudo soportar la idea de fracasar, falsificando ingeniosamente las entradas de su diario de navegación relativas a la singladura y engañando al mundo sobre su progreso. Sin embargo, fue más allá cuando, al ser incapaz de hacer frente a la tensión de engañarse a sí mismo y para justificar su fracaso, se autoelevó al nivel de Dios. En una de las últimas páginas de su segundo, y secreto, diario escribió, en notación matemática, que la integral -la suma- del hombre de cero a infinito es igual a Dios. En su cabeza, al convertirse él mismo en Dios podía quitarse la vida sin fracasar. Su trimarán, el Teignmouth Electron, fue encontrado, abandonado a la deriva, junto con sus muchos cuadernos llenos de anotaciones describiendo las innumerables batallas consigo mismo durante su fatídico viaje.

La historia de Crowhurst es la historia extrema de psicosis en la mar. Otros, como Joshua Slocum, el primer hombre que navegó en solitario alrededor del mundo entre 1895 y 1898, describió las alucinaciones provocadas por las tensiones relacionadas con la cantidad excesiva de tiempo solo en la mar -consulte, si aún no lo ha leído, el libro ”Navegando en solitario alrededor del mundo”, escrito en 1900, en el cual Slocum describe su viaje -. Slocum relata la experiencia de como, cuando estaba tratando de dormir navegando bajo unas condiciones de tiempo duro en el Océano Antártico, sintiéndose enfermo y exhausto, se fue a descansar a su camarote y, cuando regreso a la bañera, vio al piloto de una de las naves de Colón al timón. El piloto le dijo a Slocum que estaba todo bien y que podía regresar a su camarote a descansar un poco más, que él podía gobernar su barco, el Spray, hasta que regresara. Slocum escribió en su diario: “Ni el mismo Colón podría haberla gobernado más exactamente en su rumbo. Me sentí agradecido con el viejo piloto. He estado en presencia de un amigo y de un marinero de vasta experiencia.”

Como sabemos, estos son ejemplos extremos, pero es casi indiscutible que aquellos que están solos en la mar puedan sentirse en algún momento emocionalmente desequilibrados. Es común que los navegantes solitarios sientan una mezcla de emociones y cambios de humor durante las largas travesías, aquí trataremos emociones y estados de ánimo como sinónimos, aunque algunos científicos prefieren distinguirlos.

 

Normalmente, las emociones fluctúan entre el entusiasmo, la alegría, la calma, el aburrimiento, la tristeza y la ansiedad. En los estudios científicos que abordan las emociones, estas se caracterizan como valencias emocionales cuyas fluctuaciones son comunes en la vida en tierra y pueden variar en el transcurso de un día o a lo largo de las semanas, pudiendo cambiar según la experiencia presente o ser más permanentes en el tiempo. Esto es “normal” siempre que no interfiera con nuestra rutina diaria hasta el punto de interrumpirla o perturbarla “demasiado”, siendo natural que cada uno de nosotros experimente estos cambios de humor de una manera distinta.

Bajo las condiciones extremas de las regatas oceánicas en solitario, estas emociones pueden oscilar más o llegar al límite de interrumpir la vida del navegante solitario con más frecuencia o intensidad si son tratadas con descuido. Dos tipos de experiencias emocionales parecen impregnar la vida a bordo durante las regatas oceánicas en solitario: la ansiedad y el aburrimiento. El navegante puede sentirse ansioso por un aspecto específico del viaje en ese momento, aspectos como un mal funcionamiento en alguna parte del barco que no puede ser arreglado completamente, un sistema de bajas presiones dirigiéndose hacia su posición o algo relacionado con la vida en tierra que esté fuera de su alcance en ese momento. Puede darse también esa sensación constante de estar preocupado por los muchos factores que influyen en la vida a bordo, lo que puede conducir a un estado de ansiedad eterno. La ansiedad en sí misma se puede subdividir en dos componentes, uno relativo a la cognición, es decir, pensamientos preocupantes sobre su desempeño, y otro denominado ansiedad somática, que puede describirse como la percepción individual sobre el propio nivel de excitación: sentirse nervioso, tenso o notar que se tiene un aumento de la frecuencia cardíaca en relación con algo. Estos pensamientos y sentimientos mixtos pueden limitar el rendimiento y disminuir el placer incluso en los días soleados, con brisa suave y mares tranquilos.

El aburrimiento, por otro lado, se relaciona con la desconexión o la falta de interés por la situación o el momento actual. Si todo parece estar funcionando bien y, literalmente, no hay nada más que hacer en ese momento, uno podría sentirse como en un estado letárgico que será, probablemente también, experimentado como una sensación desagradable.

En términos psicológicos, la ansiedad y el aburrimiento no son sentimientos directamente opuestos, siendo lo opuesto a estar ansioso el sentimiento de estar tranquilo o sereno -ver figura a continuación-. La ansiedad y el aburrimiento se “sitúan a 90° el uno al otro”, lo que significa que ambos son una sensación desagradable, siendo la ansiedad un estado “activado” mientras que el aburrimiento es un estado “no activado”.

El circunflejo afecta al espacio con ocho estados afectivos con dos adjetivos cada uno, representando así la estructura bidimensional de placer-desagrado y de niveles altos-bajos de actividad percibida. Los signos más y menos indican, respectivamente, un efecto positivo o negativo. From Knez (2014).

La interacción desordenada entre la fatiga, las emociones y el procesamiento cognitivo

El aspecto importante de estos y otros sentimientos durante las regatas en solitario, ya sea en relación con un evento específico, como una tormenta, o cuando se vuelven frecuentes sin ningún episodio, es la capacidad de autorregularlos para que no se conviertan en algo que afecte a la calidad de la vida a bordo, al rendimiento y, lo más importante, a la seguridad.

El manejo de la regulación de las emociones en tales condiciones es un importante desafío ya que el continuo compromiso cognitivo, posiblemente unido a la falta de sueño, conducirá a la fatiga mental en algún momento, afectando al control de las emociones. Asimismo, liando aún más las cosas, las emociones pueden afectar al rendimiento de los procesos cognitivos. Por ejemplo, es más probable que las personas recuerden información de la memoria que sea congruente con sus sentimientos del momento antes que incongruente, del mismo modo que es más probable que las personas evalúen algo como positivo cuando estén felices o en un estado mental tranquilo en lugar de si se sienten tristes. Teniendo en cuenta todo lo anterior, ello significa que los estados afectivos, las emociones, influyen en el tipo de procesamiento de información que las personas probablemente adopten al juzgar algo y luego decidir sobre ello. Las personas en un estado mental feliz, relajado, son más propensas a adoptar lo que se llama una “estrategia de procesamiento heurístico” caracterizada por juicios basados en el conocimiento previo con poca atención en los detalles de las condiciones actuales. En el lado opuesto, las personas con mal humor, o atrapadas en una mente excesivamente preocupada, tienden a usar una “estrategia de procesamiento sistemático”, lo que implica que juzgarán las cosas dando poca importancia a su conocimiento previo y mucha a los detalles de la situación actual. Podemos imaginar que, con frecuencia, basar el juicio en las condiciones actuales puede ser problemático en un entorno que generalmente es desafiante per se.

 

La regulación de estas emociones también es un proceso complejo, ya que su propia regulación requiere un esfuerzo que agota los recursos cognitivos. Si esta necesidad de regulación se convierte en una constante, el efecto a largo plazo agotará aún más la energía de los marineros, lo que puede llegar a terminar en un colapso similar al sucedido con Crowhurst.

Equilibrar las emociones

Entonces, ¿cómo salir emocionalmente adelante bajo presiones tan enormes? ¿Cómo evitar caer en la trampa del círculo vicioso: “Cuanto más trato de controlar mis emociones, más energía uso, lo que me dificultará aún más regularlas y conseguir pensar con claridad.”?

Esto requiere un buen autoconocimiento con respecto a cómo de bien uno puede lidiar emocionalmente con una situación difícil y cómo se adapta a este tipo de situaciones. En primer lugar, hay grandes diferencias sobre cómo las personas hacen frente a una situación con su respuesta emocional primaria en comparación con su respuesta secundaria. La respuesta emocional primaria se relaciona con una respuesta cruda e inmediata ante un evento, mientras que la respuesta secundaria se relaciona con la capacidad para hacer frente a la respuesta primaria, siendo esta respuesta secundaria la capacidad para autorregular las emociones. La transición entre lo primario y lo secundario puede ocurrir tan rápido que es posible hacerlo sin ni si quiera darse cuenta de ello aunque, no obstante, requiere recursos mentales y esfuerzo en casi todas las situaciones. La siguiente figura muestra cómo es tal interacción entre la regulación de las emociones y la generación de emociones.