En persecución de un sueño

Siempre he sido aficionado a las regatas oceánicas de persecución desde que allá en el 79 participé en una de las primeras y más largas regatas de este tipo, la Parmelia Race, siendo para la clase de competición una regata de persecución mientras que para los cruceros se trataba de una regata por tiempo. Lo aclararé en unos momentos, primero déjeme decirle por qué soy aficionado a las regatas de persecución.

La vela es un deporte bastante difícil de entender para los no navegantes, simplemente es y ha sido así durante décadas e incluso durante más tiempo aún. A menos que comprendas los caprichos del viento y el agua todo puede parecer un juego de azar para el espectador ocioso que no tiene ninguna idea de lo que está sucediendo más allá de la derrota de la propia regata. Además, para complicar aún más las cosas, añadimos a esto un sistema de tiempos compensados mediante el cual es posible que un barco que cruce la línea de meta en decimoquinta posición pueda ganar la regata, cosa que no tiene ningún sentido. Aunque realmente si lo tiene si eres un regatista, por el contrario, carece de sentido alguno si se es alguien que no navega tratando de comprenderlo. En una regata de persecución, el inicio puede parecer un poco complicado, con diferentes grupos de barcos que zarpan en distintas fechas, pero casi nunca se trata de la salida, sino es la llegada lo que realmente cuenta. ¿Qué barco cruza la línea de meta primero? Permítanme asegurarles que la gente recuerda a los que llegan primero mucho más que a los que salen.

Para mí, esa es la simplicidad y la belleza que tiene la Global Solo Challenge. Aquellos que siguen la regata pronto olvidarán qué barco comenzó cuando y se concentrarán en quién la lidera y en quién está a la caza por detrás, lo cual puede llegar a ser muy emocionante. Con su permiso, ¿puedo volver a la regata Parmelia? Tenía sólo 21 años cuando, siendo un auténtico novato, regateaba en un yate australiano llamado Independent Endeavour, un Swan 65 estándar, bueno casi, quitamos la puerta principal y reemplazamos las tablas de teca y acebo por contrachapado barato, y ligero; eso fue lo único que hicimos.

La Parmelia Race comenzó en Plymouth, en la costa sur de Inglaterra, y fuimos regateando hasta Fremantle, en Australia Occidental. Esta regata se llevó a cabo para celebrar el 150 aniversario del descubrimiento de Australia Occidental por el buque Parmelia. Hubo un comienzo escalonado desde Inglaterra con tiempos registrados cuando cruzamos la línea de meta en Ciudad del Cabo, habiendo posteriormente otra salida escalonada desde Ciudad del Cabo. El Swan 65 fue uno de los barcos más grandes de la regata, lo que supuso que empezáramos entre los últimos de la flota. Uno de los barcos más grandes era el Siska, rojo brillante y totalmente equipado, un maxi-yate nuevo a estrenar patroneado por la leyenda de la vela australiana Rolly Tasker.

El americano Skip Novak era nuestro patrón, yo era el velero y entre el resto de la tripulación se encontraba Skip Lissiman, que pasó a ser el trimmer de vela de estribor en el Australia II cuando ganaron la Copa América en 1983. Pero me estoy desviando. Siska nos dio una ventaja decente tanto en la salida de Plymouth como en la salida de Ciudad del Cabo, aunque, tan pronto como salieron de Sudáfrica, emprendieron una persecución acercándose a nosotros cada día. A medida que nos acercábamos a la costa australiana el Siska hizo rumbo hacia el sur mientras nosotros nos quedamos más al norte. Nuestra táctica dio sus frutos y cruzamos la línea de meta en primer lugar durante un final muy dramático en el que el Siska estuvo a menos de tres horas por detrás. La mayoría del público australiano había estado animando al Siska, el mismo al que nuestra tripulación de canallas había machacado acaparando los titulares de las noticias. Evidentemente no hizo mal que el dueño del Independent Endeavour poseyera uno de los periódicos más grandes del país, sin embargo, lo interesante de esta historia es que la mayoría del público general que seguía la regata sólo comenzó a hacerlo de cerca al final de la misma, durante la parte emocionante. De nuevo, esa es la belleza de la Global Solo Challenge, habrá muchas historias de aventuras en el camino, pero es el final el que hará que te muerdas las uñas.

@globalsolochallenge

La flota de cruceros de la Parmelia Race tuvo un desafío diferente al poder elegir el momento de su salida desde Inglaterra. Además, tuvieron que pasar un mínimo de siete días y un máximo de ocho en Ciudad del Cabo y había un premio económico bastante decente para el barco que llegara a Fremantle entre las 10:00 y las 16:00 hora local del domingo 25 de noviembre, supuestamente, la fecha y hora en que el buque Parmelia llegó allí en 1829.

Eso sí, los navegantes que son navegantes siempre pueden usar un poco más de dinero extra, además somos un grupo astuto; sabemos que no podemos recuperar tiempo, pero podemos perder algo del mismo al final si es necesario. Muchos de los 18 cruceros llegaron temprano y decidieron esperar el momento perfecto para dirigirse a Fremantle con intención de cruzar la línea entre las 10:00 y las 16:00 horas para poder reclamar el dinero del premio. El barco francés Anitra II fue de los que llegaron un día antes, sin embargo, decidieron subir y bajar diez o doce millas de la costa para hacer tiempo. Los franceses, bueno, los franceses siendo franceses, decidieron que, puesto que la regata se estaba casi acabando, aprovecharían el final de sus suministros. Al principio parecía una buena idea, pero, en algún momento de la noche, encallaron en Rottnest Island tan duramente que se comunicó que la tripulación se bajó del barco directamente en tierra firme quedando el barco totalmente perdido.

Cinco embarcaciones navegaron hasta el puerto de Fremantle al día siguiente para cruzar la línea de meta en el momento mágico, compartiendo el dinero del premio y, en un gesto deportivo que debería ser anotado en los libros de historia, dividieron la cuantía en seis partes para incluir a la tripulación del Anitra II.

Marco Nannini – @globalsolochallenge

Siempre hay peligros en las regatas a través de los océanos, más aún cuando se navega alrededor del mundo. La Global Solo Challenge es un formato muy bien pensado que ofrecerá la circunnavegación más segura posible para los navegantes además de brindar la mejor experiencia indirecta posible para los que nos quedamos en tierra.

Sobre el autor

Brian Hancok

Brian Hancock es un experto en navegación oceánica y escribe artículos en las revistas ‘Sailing’, ‘Blue Water Sailor’ y ‘Yachting World’. Especializado en velas y en la fabricación de las mismas, es el autor de “Maximum Sail Power” y el fundador de Great Circle Sails. Contacts: brian[at]greatcirclesails.com Tel:  +1 617-271-0712

E: greatcirclesails [at] gmail.com T:  +1 617-271-0712