Una nueva vida para el Open50 Tagaora de Amaury de Jamblinne

©Amaury de Jamblinne

El belga Amaury de Jamblinne, un apasionado marinero, ha escogido para su circunnavegación un barco que ha anhelado durante años: el Open50 Tagaora, un diseño de Georges Auzépy-Brenneur que data de 1990.

A lo largo de los años, este barco ha cambiado de nombre y propietarios varias veces, pero Amaury decidió bautizarlo como Tagaora, en honor al dios del mar de las islas del Pacífico. Buscaba un nombre original y poco común, que no figurara con frecuencia en los registros de embarcaciones ni en Vessel Finder. Un nombre que representara un buen presagio para la nueva etapa que le aguardaba al barco.

“Siempre he tenido predilección por darle una segunda oportunidad a los barcos. Me resulta más interesante que adquirir uno nuevo y, además, está en consonancia con el espíritu del Global Solo Challenge. Desde que vi lo que se convertiría en mi barco en el puerto de Le Havre, me ha fascinado. No sé explicar por qué, pero este barco ha robado mi corazón”.

Amaury vio por primera vez a Tagaora en 2017 y fue un amor a primera vista. Mantuvo contacto con el armador durante años, hasta que finalmente lo vendió a alguien que vivía en el extranjero y que no mostraba demasiado interés por la navegación. En ese tiempo, Amaury compró un Pogo 40, bautizado como Black Pearl, un barco espléndido, bien cuidado y equipado, “pero no despertó en mí ninguna emoción en particular. Cuando se trata de un barco, o te enamoras de él o no”. A medida que el proyecto de la GSC tomaba forma, se dio cuenta de que para adaptar a Black Pearl a las regulaciones del GSC tendría que realizar numerosas modificaciones que, paradójicamente, disminuirían su valor. Fue entonces cuando volvió a ver a Tagaora en Le Havre, abandonado y con la popa cubierta de mejillones. Volvió a hacer una oferta de compra y esta vez fue aceptada. Tagaora estaba listo para empezar una nueva vida y Amaury era su afortunado armador.

Tagaora, cuyo nombre original era Port de Gravelines, y que se construyó en Alumarine, es un diseño basado en el proyecto del Akela 50, obra del ecléctico arquitecto naval Georges Auzépy-Brenneur, célebre en el sector de la vela de recreo durante los años 60. Auzépy-Brenneur, quien mantenía una predilección por las formas clásicas y equilibradas y un fervor por la construcción en madera, diseñó una amplia gama de barcos y experimentó con casi todos los materiales, especialmente para la navegación de altura. Aunque su nombre no es tan conocido como el de otros arquitectos, su influencia ha sido relevante. Inició su carrera en el astillero Jouët, donde trabajó durante tres años con Eugène Cornu. Su primer diseño, el Alerion, se realizó en Argel y era un pequeño velero de 7 metros. Con el paso del tiempo, diseñó varios barcos de mayor envergadura.

Open 50 Tagaora construido en el astillero Alumarine en 1990 ©Amaury de Jamblinne

 

“Antes del refit, primero hice una investigación minuciosa, digna de Sherlock Holmes, para reconstruir completamente su historia. El barco no tenía documentación, pero, afortunadamente, logré dar con los antiguos armadores. De ahí en adelante, abordé tareas más técnicas. La primera evaluación por parte de un experto reveló que, si bien estéticamente el barco estaba en un estado bastante degradado, técnicamente era impecable. Sin embargo, hablamos de un barco de 33 años, así que había mucho trabajo que hacer para garantizar su seguridad.”

Amaury describe a Tagaora como un barco que no es extremo. Su calado de 2,50 metros le ofrece la ventaja de tener una embarcación versátil, útil para otras actividades además que para llevar a cabo este desafío.

A pesar de no haber navegado mucho con su barco, Amaury sabe, gracias a los comentarios de los armadores de otros barcos similares en Bretaña, que este tipo de embarcación es rápida en cualquier condición. Con sus dos timones, Tagaora tiene un equilibrio perfecto. Su quilla en forma de lámina y situada delante del mástil permite un buen rendimiento en ceñida, lo que debería ser una ventaja en las zonas de transición. El aparejo no está sobrecargado. Es un barco sólido y robusto, construido en aluminio y que pesa 8 toneladas, ofreciendo un buen equilibrio entre peso y potencia.

Open 50 Alumarine built in 1990 ©Amaury de Jamblinne

 

Tagaora cuenta con una manga de 4 metros, lo cual no es excesivo. Basile Geron, capitán de la embarcación y jefe de LH Yacht Services, lo describe como un pseudo 40 pies, con una popa especialmente larga pero un mástil de aluminio no particularmente alto. La quilla tiene bulbo adosado y debido a su tendencia a escorar, se decidió añadir una orza abatible frente a la quilla. Además, se equipó con dos lastres, cada uno de 1000 litros. Según Amaury, el interior del barco es sumamente agradable y luminoso, gracias a los amplios portillos que permiten una buena visibilidad desde el interior. Ya se imagina, después de acabar el GSC, navegando rápidamente entre las islas griegas.

“Para mi circunnavegación, donde el viento será un acompañante constante, buscaba un barco equilibrado, que no diera demasiados golpes y que no fuera demasiado extremo. Los navegantes tenemos límites humanos, y es crucial preservar el bienestar del patrón. Quería mantener un enfoque razonable. En términos de rendimiento, prefiero mantener un buen promedio de velocidad diaria en lugar de alcanzar picos de alta velocidad que luego requieran reducir la vela para descansar”.

El refit de Tagaora, en el astillero de Le Havre, ha implicado para Amaury constantes viajes entre Francia y Bélgica, donde reside y sigue profesionalmente activo. El trabajo no solo se centró en la preparación para el GSC, sino también en una remodelación integral del barco con énfasis sobre la seguridad. El aparejo, original de 1990, fue sustituido en Sparcraft. Todas las escotas y drizas fueron renovadas. La puerta de entrada fue rediseñada.

Desafortunadamente, la vela mayor, al haber sido dejada montada y sin protección durante muchos años, resultó inservible. Al renovar completamente el inventario de velas, también se modificó el plan vélico, por ejemplo, se decidió reemplazar el spinnaker simétrico por uno asimétrico. Se rediseñó la vela mayor para reducir su superficie en 4 metros cuadrados, eliminando así la necesidad de que el patrón tome rizos al virar. La nueva vela mayor, así como las velas de proa, están actualmente en producción en Technique Voile. Amaury optó por fabricar nuevamente la vela mayor y las velas de proa, como el génova y la trinqueta, en HydraNet, un tejido de vela compuesto por hilos de poliéster de alta resistencia entrelazados con una malla de refuerzo de fibras Spectra/Dyneema.

“Tras la calificación, implementaré unas pocas modificaciones más, pero en general, se trata de un barco sencillo y bien construido. Al comprarlo ya estaba bien equipado con winches Andersen y enrolladores Reckmann. Planeo añadir un botalón fijo en la proa en sustitución del botalón retráctil, lo que garantizará una mayor seguridad en las maniobras de proa”.

En cuanto a la gestión de la energía, decidió reemplazar el antiguo generador eólico de turbina por uno nuevo de la marca Silentwind. Adicionalmente, el barco cuenta con dos hidrogeneradores Ocean Power y paneles solares. Para la comida, llevará tanto alimentos liofilizados como alimentos más tradicionales como arroz, pasta y conservas.

©Amaury de Jamblinne

 

“También llevaré algunas botellas de vino y algo de chocolate. Tras días de mal tiempo, debemos permitirnos algunos pequeños placeres. Se trata de aguantar a largo plazo. Para cocinar, cuento con una cocina a gas pequeña equipada con dos quemadores y un fregadero reducido. Conseguiré agua potable a partir de un desalinizador.”

Todo el sistema electrónico ha sido objeto de una exhaustiva revisión y actualización. Dispondrá de dos pilotos automáticos y, para la comunicación, contará con el acceso a un satélite Starlink. Para las predicciones meteorológicas, utilizará archivos GRIB y ha implementado el software Adrena en su ordenador.

Amaury explica que embarcarse en una vuelta al mundo como parte de un evento como el GSC le brinda un grado extra de seguridad, pese a que no se siente particularmente atraído por el aspecto competitivo. Su meta es elegir un buen rumbo, gozar de la travesía, y llegar a salvo a su destino evitando dañar el barco y sus equipos. Al concluir la circunnavegación, le dará más importancia al número de días que tardó en concluirla que en su posición en la clasificación.

“Considero que en una aventura come esta, el disfrute no radica en la velocidad, sino más bien en seguir una ruta interesante. Si llego al final con el barco y el marinero en buen estado, y habiendo elegido las opciones correctas de navegación, me sentiré orgulloso de mi viaje. En áreas de vientos más suaves, aprovecharé para echar mi línea de pesca y, quién sabe, tal vez capturar un dorado para mi cena y meditar acerca del sentido de la vida”.

“Me visualizo navegando en el extremo sur. Tras pasar Ciudad del Cabo, todo es incierto. Tendremos que adaptarnos a las grandes olas y depresiones, a la soledad del lugar, e impregnarnos de aquel paisaje, aquella luz, aquella atmósfera que penetra tu piel y se anida en tu corazón. Nos encontraremos en una situación delicada, pero debemos aprovechar el momento, ya que no se presenta todos los días”.

“Cerca de 15 días antes de la llegada, si es necesario, apretaré los dientes y avanzaré a máxima velocidad. Sin embargo, creo que es crucial mantenerse alerta, incluso después de pasar el Cabo de Hornos; la navegación continúa siendo un deporte mecánico y también debemos confiar en la suerte. Nada se puede dar por sentado hasta la llegada. La idea es mantener un margen de seguridad tanto para el patrón como para el equipo. Es una maratón, no un sprint. Y me esforzaré por crear una gran historia”.

La historia que Amaury está por escribir y vivir será a bordo de su Tagaora. “Cuando pongo un pie a bordo, aunque actualmente esté varado en tierra, siento tranquilidad, percibo vibraciones positivas. Un barco tiene alma, está vivo. Durante la travesía, Tagaora será mi compañero y, si la cuido bien, me devolverá el favor en términos de fiabilidad”.

Esperamos con gran entusiasmo a este maravilloso dúo en A Coruña para marcar el inicio de la nueva vida de Tagaora y para ser testigos de cómo Amaury realiza su sueño.

©Amaury de Jamblinne